"LAS MUJERES DEL PRESIDENTE"
BIENVENIDAS Y BIENVENIDOS AL BLOG DE "GONZÁLEZ
NAVARRETT"
(Seudónimo literario de Nélida Adriana González)
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El 08 de marzo de 2019, con motivo de conmemorarse
el día internacional de la mujer instituido por la ONU, he incorporado a este
espacio público el Capítulo XVIII, denominado "El Úterovarismo", que
es una parte integrante de mi libro "Las Mujeres del
Presidente", ediciones de autor de 408 páginas, sobre el que ampliaré
referencias al final de esta presentación. Los motivos que me han llevado a
hacerlo son, en primer término, por mi deseo de homenajear a las mujeres en su
día y luego por sugerencia de quienes conocen los conceptos inéditos allí
escritos, quienes perciben que la difusión masiva de los mismos sería una
eficaz contribución a la causa de la mujer.
Dicho
esto, estimadas lectoras y lectores, incorporo el texto mencionado.
CAPITULO XVIII
La
mujer oculta. Su “Úterovarismo”
En el capítulo anterior hemos concluido con cinco revelaciones inéditas de la
mujer oculta. Nos queda ahora por descubrir la identidad de la mujer oculta.
–Debo entonces confesar a ustedes que… a la mujer oculta de estas páginas… la
encarno yo. Pero debes saber, lectora, que también lo eres tú. Soy yo, hoy, y
antes lo fueron mis abuelas, mi madre, mis tías, mi suegra y también lo han
sido las mujeres que formaron y forman parte de tu familia. Asimismo, lo son mi
hermana, mi sobrina, mi nuera y también las tuyas. Mañana lo serán nuestras
hijas y nuestras nietas y así sucesiva y cronológicamente mientras haya que
elegir un candidato presidencial para disponer de los destinos de un país.
Somos la mujer oculta de los presidentes, de los que lo fueron, del
actual y de los que vendrán, porque en su conformación genética y en los
abismos insondables de su personalidad inconsciente, anidan como larvas
acechantes los indelebles caracteres feminoides de nuestra materna concepción.
Y esos genes femeninos no sólo son de su madre, lo son también de los millones
de mujeres que conformaron su pasado histórico-genético. Hay mucho contenido de
hembraje en un presidente varón.
“Hay
mucho contenido de hembraje en un presidente varón”
Y somos también la mujer oculta de los presidentes, porque sin contar con
el apoyo comicial de nuestro género mayoritario nunca un candidato llegaría a
ser presidente. A lo largo de estas páginas hemos analizado la influencia
y el caudal aproximado de votos que han ungido con el bastón de mando
presidencial a los últimos candidatos a primer mandatario, pues bien, en los
padrones electorales las mujeres superamos en número a los hombres. Nuestro
voto inclina siempre la balanza hacia uno u otro lado de la historia. Esto nos
hace doblemente responsables: primero, porque un presidente, cualquiera sea su
género, fue parido por una mujer, amamantado por las tetas de una mujer, criado
y formado por una mujer y finalmente votado por una mayoría de mujeres.
Sin estos forzosos acontecimientos no habría presidentes. Segundo: porque el
sentido del término “parir” no se agota en expulsar por la vagina a una
criatura, se la sigue “pariendo” hasta que se lo hace “hombre” o se la hace
“mujer”. Y si todas las funciones anteriores las ejecutamos mal, habremos
traído al mundo un ser “mal parido”, y si éste ser llega a presidir los
destinos de un país, será un “presidente mal parido” o “una presidenta mal
parida” y seremos nosotras las artífices de la destrucción del futuro de las
próximas generaciones. Por eso, las mujeres, tenemos tanta responsabilidad sobre
nuestras espaldas.
¿Qué estos conceptos son feministas? No… ¡son realistas! Feminismo es otra
cosa, feminismo es luchar para reivindicar derechos aún no reconocidos, o bien
negados. Hoy las mujeres, gracias a la lucha feminista, hemos plantado muchas
banderas en lo alto de las colinas tomadas a los hombres. Esto no es feminismo,
esto es… “Úterovarismo”. “Úterovarismo” puro: exigir
derechos propios y exclusivos para la mujer, adquiridos por su condición
superlativa insustituible e incomparable en la especie humana. No pedir la
igualdad de derechos con el hombre. Exigir más derechos que el hombre. Porque
los merecemos y además los necesitamos. Los necesitamos para asegurar las vidas
de nuestros hijos y los destinos de la humanidad.
Ha estado tan despreciado y desdibujado el rol de la mujer en la historia de la
humanidad, que hasta nuestro tan admirado Aristóteles nos ha comparado con los
objetos y animales que eran propiedad del varón. A su entender la mujer carecía
de “animus”.
Ese tufillo a hormona testicular que ha impregnado la historia humana durante
los últimos cinco mil años, nos ha llevado a esta encrucijada de caminos, donde
sólo podemos vislumbrar el desierto de la pobreza y el zanjón de las guerras
entre hermanos.
“Existe
un tufillo a hormona testicular que ha impregnado la historia humana durante
los últimos cinco mil años”
Porque, como ya lo he anticipado cuando en capítulos anteriores me ocupé de la
frontera social de género, que es la que separa a buena parte de los hombres y
mujeres de nuestro país, la mejor prueba de su existencia es el hecho de que se
deban promulgar normas legales para procurar equilibrar el número de mujeres
con el de los hombres en las dependencias públicas. Ejemplo: la ley de cupos en
las listas de los partidos políticos. Si hubiera una inserción natural entre el
género femenino y el masculino en la distribución de funciones, no sería
necesario establecerla por ley.
Es conveniente recordar que también por mérito de una ley, las mujeres argentinas
comenzamos a votar hace tan sólo sesenta y seis años. Fue allá por septiembre
de 1947 que por iniciativa de Eva Perón se promulgó la ley N° 13.010 que nos
asignaba plena ciudadanía. Luego, con la Reforma Constitucional de
1949, se legalizó definitivamente el voto femenino. Nuestro derecho a elegir a
quienes han de gobernarnos.
Votamos por primera vez en las elecciones nacionales del 11 de noviembre de
1951. Más allá de este logro tardío, sobran los ejemplos que prueban la realidad de
la existencia de esta frontera de género de la que hago referencia. Pero el más
lamentable ejemplo es el que proviene de asistir cada treinta horas, o
menos, a un caso de femicidio. Femicidio que obviamente comete un varón.
Solamente en los últimos diez años han quedado huérfanos de madre, por
femicidio, 3.000 criaturas en nuestro país. Agréguese a esto la consiguiente
orfandad también de padre en que quedan los niños, por la lógica separación del
padre, cuando fue el femicida y que deberá pasar largos años en prisión. En
otros planos de esta desigual relación, hace falta mencionar las diferencias
salariales, en contra nuestra, que imperan para un mismo trabajo en el caso de
que lo ejecute una mujer o lo ejecute un hombre. No olvidemos para más abundar,
que ya en el Código Civil de Vélez Sarsfield, famosa ley N° 340 de aquel lejano
25 de septiembre de 1869, las mujeres
casadas éramos una suerte de propiedad del marido, y esto fue morigerándose
parcial y lentamente recién avanzado el siglo XX.
“Las
mujeres casadas éramos una suerte de propiedad del marido”
Pero… ¡atentos y sobre todo… atentas!, que algunos remedios pueden resultar
peor que la enfermedad que creemos combatir.
En función de los hipócritas y mezquinos resultados que produce nuestra heroica
lucha en búsqueda de la igualdad de género, se nos está sometiendo a las
mujeres a ciertas actividades para las que la naturaleza no nos ha dotado con
las herramientas apropiadas.
Ciertamente que las mujeres deberíamos gozar de los mismos privilegios y
derechos que los hombres. ¡Los mismos seguro, y algunos más también! Porque la
vida nos utiliza a las mujeres para perpetuar la especie humana, por gracia de
Dios y para orgullo de nosotras. Para amamantar y criar la prole humana.
A cualquier actividad que volquemos nuestra capacidad laboral, debemos
agregarle, como suplemento inexorable, la condición de madre gestadora. Somos
las que brindan el sublime abrazo protector a nuestros hijos y las que
proporcionamos el esfuerzo personal y la alegría que sostienen la
estructura del hogar familiar. Lugar al que retorna cansado, y a veces
agobiado, el hombre que forma parte de la casa, el padre de nuestros
hijos, que espera encontrar en nosotras el refugio seguro de un seno fraterno y
una mesa preparada con cálido amor.
Se nos dijo que la mujer fue creada de una “costilla de Adán”… ¡que
triste ironía! La mujer no fue creada a partir del sobrante de una parte
corporal varonil. La mujer fue creada a “imagen y semejanza de Dios”, igual que
fue creado el hombre y fue creada al mismo tiempo que éste… si no lo fue antes.
Lejos de provenir de una simple costilla de hombre, y muy por el contrario, es
el varón el que proviene de partes corporales de una mujer. Todo varón inició
su origen en un óvulo producido por un ovario de mujer. Anidó durante 9 meses
en un útero de mujer. Succionó la savia existencial de una mujer para modelar
su propia estructura física y, finalmente, vio por primera vez la luz terrenal
cuando logró atravesar trabajosamente el oscuro túnel vaginal de una mujer. Los
primeros sonidos que puede escuchar un varón recién nacido, son los quejidos de
dolor que emite su madre para llevarlo a la vida mundanal extrauterina.
Quejidos que únicamente emite una mujer. Mujer que para alumbrar a un nuevo ser
humano, muchas veces sacrifica su propia vida en el sublime y exclusivo
acto.
¿Acaso no somos las mujeres las que ofrendamos la vida para
parir a los hijos de la especie humana? ¿Alguna vez se supo que muriera un
hombre cuando nació su hijo?:… afortunadamente, no.
¿Acaso no somos las mujeres las que ofrendamos la
vida para parir a los hijos de la especie humana?
“¿Alguna vez se supo que muriera un hombre cuando
nació su hijo?:… afortunadamente, no.”
Por estos motivos asumo y postulo la posición del “Úterovarismo”. Ovario y útero. Útero y
ovario: las herramientas trascendentes de la naturaleza para perpetuar la
especie humana. Eso es el “Úterovarismo”.
De allí resulta que es necesario analizar y modificar el concepto de igualdad
de géneros. Preguntarse si es beneficiar a las mujeres el hecho de que
realicemos tareas que históricamente fueron ejecutadas por hombres, en busca de
una igualdad que no tenemos.
Hoy encontramos mujeres como policías, bomberas, guardaparques, aspirando las
nocivas emanaciones de combustibles de las industrias y de las estaciones de
servicio y en cuanta tarea podamos imaginar. Hasta a la guerra, como mujeres
militares, las vamos a llevar. Pero a esto, creo, que habría que responder:
“No
entrenen a la mujer para la guerra, porque fue concebida para la paz. No la
adiestren en la violencia porque fue creada para el amor”
La sociedad intenta introducir a la mujer en la búsqueda de profesiones que la
igualen con los hombres: ¿Acaso nos hemos percatado de que la mujer llega al
mundo con la única profesión insustituible? La mujer fue dotada por la
naturaleza con el instinto y la funcionalidad orgánica maternal. La mujer es
una profesional especializada en perpetuar la especie humana.
“La mujer fue dotada por la naturaleza con el
instinto y la funcionalidad orgánica maternal. La mujer es una profesional
especializada en perpetuar la especie humana”
Es hora de que los negocios humanos dejen de estar manipulados por un único
género. La testosterona tiene que bajar su nivel protagónico y dejar que
el “Úterovarismo” pruebe su eficacia. ¿O acaso cuando se nos puso a prueba
fallamos siempre?
¿Cómo se estructuró la vida sedentaria y organizada que dio origen a las
ciudades y a las civilizaciones? ¿Con el nómade hombre cazador en los bosques o
con la madre recolectora y horticultora en los poblados? ¿Cómo se restañaban
las heridas en los campos de batalla, con aquellos hombres que las infligían o
con las nobles samaritanas mujeres que las curaban?
La historia del ejercicio existencial ha demostrado que las mujeres somos seres
flexibles y adaptables a las necesidades imperantes de nuestro entorno.
Incluso en la actualidad existen innumerables familias “monomatriciales”, donde
la mujer sostiene en forma exclusiva la vida hogareña, habiéndose convertido,
por voluntaria deserción del varón progenitor, en madre y padre a la vez. Hogar
donde lo único aportado por el varón ausente fue el zumo espermático de sus
pulsiones libidinosas.
“Hogar
donde lo único aportado por el varón ausente fue el zumo espermático de sus
pulsiones libidinosas”
No obstante lo dicho, celebro la existencia de innumerables hombres de bien que
hacen de su condición de padre un apostolado y son para sus mujeres el sólido
sostén que les facilita vislumbrar un futuro de posible felicidad y
armonía.
Una mujer puede ser madre y parir sus hijos. Puede ser hermana y criar otros
hijos de sus padres. Puede ser abuela y criar sus nietos. Puede ser tía y criar
los hijos de sus hermanos. Puede ser madrastra y criar hijos de otra mujer.
Puede no ser de la familia y criar hijos ajenos. Puede no tener hijos y ser más
madre que la que los parió y los abandonó. Puede ser acreedora al Premio Nobel,
como Marie Curie lo fue en dos oportunidades, de Física en 1903 y de Química en
1911. Puede ser campeona en los deportes. Puede brillar en las artes.
Pero también puede ser “trabajadora sexual” de burdel, u “operadora
erótica VIP” de Barrio Norte.
O fue Cleopatra, la del Nilo; o Agripina, la madre de Nerón; o Josefina
Bonaparte; o Madam Dubarry; o María Antonieta; o Isabel de Castilla; o la reina
Victoria; o Catalina de Rusia; o Clara Zetkin; o Rosa Luxemburgo; o Margaret
Thatcher; o Elisabeth Taylor; o Ángela Merkel; o todas y cualquiera de las
emblemáticas mujeres que murieron encerradas en el incendio de la fábrica
textil “Triangle Shirtwaist” de la ciudad de Nueva York el 25 de marzo de 1911.
Puede ser la madre Teresa de Calcuta o, sencillamente, puedes ser tú, querida
lectora, o puedo ser yo…
“Una mujer puede ser la cortesana Dubarry
o puede ser la madre Teresa de Calcuta
o, sencillamente,
puedes ser tú, querida lectora,
… o puedo ser yo”
Las mujeres hemos demostrado nuestra gran capacidad para ocupar cualquier
espacio donde quepa un ser humano. Si lo dudan, que investiguen la historia del
general Manuel Belgrano: cuando en plena batalla observó pelear a Juana Azurduy
Padilla, montada a caballo y con lanza en ristre, cargando sobre los realistas
con la fiereza de un centauro mitológico, quedó tan asombrado que le obsequió
su sable como homenaje a su valor. Juana Azurduy, coronela de Guemes, jefa de
destacamento de lanceros, viuda del general Padilla, “… flor del Alto
Perú”…, como versea la letra escrita por Félix Luna, acompañada de la
música compuesta por Ariel Ramírez y magistralmente cantada por Mercedes
Sosa. Juana Azurduy, oriunda del territorio que hoy ocupa la ciudad de
Sucre, Bolivia. Orgullo del pueblo boliviano y orgullo del pueblo argentino
falleció en nuestra provincia de Jujuy.
La historia de mujeres en Bolivia es rica en heroínas: en la época de la
emancipación de los realistas, sus fuerzas militares tuvieron una generala y
administradora, Doña Gregoria Apaza. Dirigía las fuerzas aborígenes que se
alzaron contra el Imperio Español. Capturada en combate en 1782, cuando
ya el territorio boliviano pertenecía al Virreinato del Río de la
Plata(creado en 1776), fue humillada y vejada, se le colocó una corona de
clavos y espinas en la cabeza y fue salvajemente ahorcada. Separada del cuerpo su
cabeza, fue expuesta en una estaca, y sus restos quemados y esparcidos por las
tierras que quiso reconquistar.
Pero más allá de las mujeres guerreras, Bolivia supo y sabe tener mujeres en
todas las áreas políticas, sociales y económicas: la Sra. Adela Zamudio,
por ejemplo, precursora del feminismo, fallecida en 1968; Doña Lidia Gueiler
Tejada, primera y única presidenta mujer de Bolivia.
Fueron muchas las mujeres que se destacaron en ese país hermano, cerraré la
lista con la Sra. Ana María Romero de Campero que falleció en el
año 2010 y que está reconocida como una campeona de los derechos humanos de las
mujeres, de los niños y de los marginales.
Ya que hablamos de las mujeres de países hermanos como Bolivia, echemos
un vistazo a las mujeres de nuestros otros dos potenciales aliados, Paraguay y
Uruguay.
¡Qué no decir de los méritos de las mujeres paraguayas?: ¡que donaire, que
dulzura guaraní! Desde la famosa “india Juliana”, cuyas mentas nos llegan desde
aquel lejano lugar de la historia en 1539, hasta Ñacoca Lara Castro, fallecida
en 1993, fundadora de la Asociación Cultural de Amparo a la
Mujer en 1962 y de la Comisión Paraguaya de los Derechos
Humanos en 1967, entre una y otra pasaron 450 años jalonados de trágicas
demostraciones de la valía de las mujeres paraguayas.
El actual Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, el Papa Francisco,
está conmovido por la historia de “las residentes”, aquellas heroínas que
reconstruyeron el Paraguay, después de la Guerra de la
Triple Alianza, que dejó al país hermano despoblado de varones en edad
productiva. Recordemos que al concluir la sangrienta e injusta contienda, quedo
con vida un hombre por cada ocho mujeres. Estas mujeres permitieron ser
embarazadas profusamente para poder repoblar el país en el menor tiempo
posible. –¿Acaso comprendemos la grandeza del sacrificio que ello significó?
Pues el Papa Francisco lo comprendió perfectamente y solicitó el Premio Nobel
para ellas, considerándolas las mujeres más heroicas de América. Según el Santo
Padre, fueron las que salvaron los restos del país, de la cultura, del idioma y
de la fe.
“Las
mujeres del Paraguay, según el Papa Francisco, fueron las más heroicas de
América. Según el Santo Padre, fueron las que salvaron los restos del país,
de
la cultura, del idioma y de la fe”
Es interesante recordar que la fundadora del feminismo paraguayo y de los
derechos de la mujer, fue Serafina Dávalos, la primera mujer en obtener un
título de doctora en derecho, allá por el año 1907.
Mención aparte merecen las famosas “enfermeras del Chaco”, aquellas buenas
samaritanas que durante la Guerra del Chaco, en pleno fragor de los
combates, atendían a heridos y moribundos y ofrendaban la vida en su piadosa
misión.
Pero basta de pálidas, hagamos un comentario alegre y mediático y digamos que,
en la actualidad, la mujer paraguaya más conocida internacionalmente, es:
Larissa Riquelme, “la novia del mundial”, famosa por las fotos que permitió que
le sacaran en las tribunas de las canchas de futbol luciendo un generoso escote
que dejaba ver, más que imaginar, sus exuberantes pechos.
Tanta trascendencia mediática tuvo, que hasta participó en los programas de
Marcelo Tinelli, haciendo que bailaba…
Perdón por esta digresión, pero me pareció necesario cortar un poco el
dramatismo del protagonismo femenino, y salvando las distancias,… mujeres,
somos tanto unas como otras. Larissa Riquelme es una muchacha muy joven,
y ya tendrá tiempo la vida para probarla en tareas más solemnes y productivas.
–¿Y que tenemos de la mujer uruguaya? ¡Ah… tenemos mucho también!, tanto que el
gobierno uruguayo decidió en los últimos años emitir sellos filatélicos
(estampillas de correo), con imágenes de las diez mujeres más importantes de la
historia uruguaya. Colocando en ellos el slogan de:
“Divulgar
que el Uruguay esta construido por mujeres extraordinarias”
Claro que las mujeres uruguayas no se iban a perder la oportunidad de blandir
una lanza, subirse a un caballo y pelear en las guerras de la independencia de
su patria y al lado del héroe máximo del Uruguay, Don José Gervasio de Artigas.
Entre otras, la historia nos recuerda a Isidora Altez y Juana Bautista,
lanceras de caballería.
Ya en nuestra época contemporánea se han destacado las señoras Adela Reta,
Delmira Agustina, Lágrima Ríos, Enriqueta Compte…
–¿Y
porqué no? : una mujer muy querida en Argentina, la inefable actriz China
Zorrilla.
–¿Y en Argentina, qué tipo de mujeres encontramos? Por acá hay para repartir y
guardar. Bastaría con pasear por Puerto Madero, para ver el “homenaje
asfáltico” que Buenos Aires le hizo a algunas de sus mujeres famosas,
dedicándoles muchas calles para recordar sus nombres.
El muy reconocido historiador Felipe Pigna, ha realizado un detallado análisis
sobre el movimiento feminista en Argentina y ha destacado dentro de éste, a
mujeres de la talla de Cecilia Grierson, Sara Justo, Julieta Lanteri, Elvira
Rawson, Alicia Moreau, Albina van Praet de Sala y Emilia Lacroze de Gorostiaga.
Cecilia Grierson fue la primera mujer argentina en graduarse como médica, en
1889.
Tomando como centro de interés a este grupo de mujeres, luchadoras por la
igualdad de los derechos de la mujer con los de los hombres y proyectando
nuestra mirada histórica hacia el pasado y luego hacia este presente, podríamos
llenar listas de nombres de mujeres que han dejado su huella en los cimientos
de la patria. Baste mencionar, antes, a Mariquita Sánchez de Thomson, a
Manuelita Rosas, ahora, a Eva Duarte de Perón, a Isabel Martínez de Perón, a
Cristina Fernández de Kirchner. Protagonismo de mujeres no nos ha faltado
a lo largo de nuestra azarosa existencia como nación.
Es probable que algunos piensen que en estas tierras nos hayamos quedado un
poco cortas en el campo de la técnica, pero en cuanto al humanismo y a la pelea
como amazonas, hemos desbordado de actividad.
No importa, nuestras congéneres de otros lares se han destacado en las ciencias
duras: –¿Quién creen que inventó los pañales descartables? ¿Un hombre? ¡No!,
fue Marian Donovan, una mujer. Claro, dirán: “para no trabajar”… puede ser,
pero –¿quién creen que inventó el limpia parabrisas de los automóviles? ¿Un
hombre?... ¡no!, fue una mujer: Mary Anderson, en 1905.
Por su parte, Randice Lisa Altschul, en 1999, inventó el primer teléfono
celular descartable; Grace Hopper en 1952 creó el Sistema Cobol, que resultó el
lenguaje de computación para negocios más usado en el mundo; Ada Lovelace, la
hija de Lord Byron, fue una de las precursoras en la programación de
computadoras; –¿Quién suponen que nos ayudó a enmendar los errores cuando
escribíamos a mano o en aquellas antiguas y venerables máquinas Remington u
Olivetti? Fue una mujer también: Bette Neswith Graham, humilde y anónima
secretaria de administración, inventora del “liquid paper”, aquel
líquido blanco y espeso que tapaba los grafismos equivocados y permitía
reescribir lo correcto.
Hasta aquí todos los mencionados parecen descubrimientos técnicos muy
femeninos, pero voy a citar dos ejemplos que exceden las características
feminoides: Stephanie Kwoler, creó, nada más ni nada menos, que el “Kevlar”,
esa sustancia cinco veces más resistente que el acero que, de múltiples
aplicaciones, también se utiliza para confeccionar los famosos chalecos
antibala. Un uso nada doméstico ¿verdad? El otro ejemplo es el ya famoso y muy
conocido caso de Marie Curie. Científica que descubrió la existencia del radio
y el polonio. Fue la segunda mujer en obtener un doctorado, y se lo
otorgó la Universidad de La Sorbona, de París, Francia, en 1903,
y como ya dijéramos, recibió el premio Nobel de Física en 1903 y luego el de
Química en 1911.
Por lo que hemos visto hasta aquí, queridas lectoras y queridos lectores, no
hay campo del quehacer humano donde las mujeres no hayamos puesto nuestros
ovarios y nuestro copioso sudor y donde no hayamos derramado generosamente
nuestra sangre. Siempre que fue puesta a prueba nuestra múltiple capacidad, lo
hicimos de manera sacrificada, responsable y muy eficientemente. Hemos
podido probar los hechos descriptos de forma indubitable y sin posibilidad de
refutaciones racionales, tal como pedía Sócrates que fueran los conocimientos
impartidos, para que no pudieran ser considerados simples y subjetivas
opiniones.
El papel de la mujer en nuestras sociedades es de tal magnitud que resulta de
vital importancia la capacitación a la que todas podamos acceder. No solo en el
campo de la técnica y la ciencia. Es necesario formar a la mujer en filosofía y
sociología. A todas. También y más allá de las carreras específicas
profesionales, la mujer debe conocer los rudimentos básicos de medicina y de
derecho, ya que la mujer es el primer apoyo auxiliar médico con que cuenta la
sociedad en la vida cotidiana.
En el hogar, es la mujer la más cercana “enfermera” con que cuentan los hijos y
los ancianos. La mejor “nutricionista”. La mejor “contadora y administradora”.
“El” más sacrificado “peón de albañil”. La más eficiente “cosechadora rural”.
“El perfecto” consejero legal para su pareja e hijos. Este último punto
es trascendente en la vida familiar ya que las normas jurídicas empapan nuestra
vida cotidiana y pobre de aquel que las desconozca. Pocos tienen en cuenta que
en dos artículos de nuestro actual Código Civil y Comercial, el artículo cuarto
y el artículo octavo, se establece la obligatoriedad del cumplimiento de las
normas jurídicas para todos los habitantes del país, naturales o extranjeros,
residentes o en tránsito por el. Además se deja claro que no se podrá alegar el
desconocimiento de la Ley como justificación eximente de culpa. El anterior Código Civil, el antiguo Código
Vélez Sarsfield, establecía análogas exigencias en el artículo primero, en el
artículo veinte y en el artículo 923.
Por lo tanto la Ley presupone que las normas jurídicas son conocidas
por todos nosotros y actúa en consecuencia punitivamente contra aquellos que
las desobedecen. Obviamente, la cuestión es tan gravemente seria como difícil,
ya que tenemos más de 28.000 leyes que contienen cientos de miles de normas,
muchas vigentes, otras derogadas, otras sustituidas por nuevas leyes,
agreguemos a la magnitud expuesta, el hecho de que cada ley puede tener docenas
o cientos de artículos, y esto solamente en el área nacional, a lo que hay que
sumar los cuerpos normativos de las provincias y las ordenanzas municipales.
Incontables millones. Por este motivo resulta imprescindible que la mujer esté
versada en la cuestión legal, al menos en los fundamentos de las normas
legales, ya que la mujer es el muro de contención de los desbordes que la
inexperiencia lleva a cometer a sus hijos y de los dislates que el exceso de
testosterona lleva a cometer a los compañeros varones en esa ruta por la que
transita nuestra vida familiar y social. Personalmente me he interesado en
conocer los principales preceptos jurídicos con los que me toca convivir.
“Pensar
que a Moisés le bastaron diez mandamientos para regular la vida de su pueblo. Y
le fue muy bien. Y a nosotros que contamos con millones de ‘mandamientos’ nos
va bastante mal”
Trataré de probar a continuación que si pudiéramos conocer y cumplir un
reducido grupo de conceptos esenciales, podríamos transitar la vida sin temor a
equivocarnos ni moral ni legalmente.
Quiero hacer una aclaración personal: no soy abogada, ni soy profesora de
Latín. La profusión de citas legales, se debe al conocimiento que por mi
formación y práctica en administración de empresas, he debido considerar a lo
largo de mi vida.
Al mismo tiempo y respecto a la formación filosófica a que he hecho referencia
como muy importante para la mujer, conviene destacar que de la lectura de los
clásicos griegos y de los antiguos jurisconsultos romanos, la mujer puede
obtener un bagaje de conocimientos que le facilitarán la labor que le impone la
actividad cotidiana. No debemos olvidar que en ambos estamentos, griegos y
romanos, reside el núcleo fundacional de nuestra ideología occidental. No
conocer estas raíces es no poder entender la realidad que nos abruma.
Respecto al antiguo idioma Latín, lo vengo frecuentando desde hace muchos años.
Al contrario de la opinión generalizada, yo no creo que sea una lengua muerta.
Es un idioma cuyos miles de vocablos están presentes en palabras y expresiones
de uso diario para los pueblos de occidente. Como fuere, siempre me apasionó su
uso y la precisión de sus conceptos.
Si tomo en consideración ambas estructuras, la del Derecho Romano y la del
idioma Latín, encuentro en sus definiciones conceptuales, que han trascendido
por más de 2.500 años, tanta riqueza filosófica, social y hasta analógica con
los preceptos religiosos, que me reconcilian con la estirpe humana, sobre todo
en las actuales épocas anómicas en que nos debemos mover.
Tengan paciencia y buena voluntad y analicen la racionalidad filosófica de la
siguiente frase, los conceptos jurídico-religiosos que contiene y la armonía
sonora que transmite su dicción: “Iustitia est constans et perpetua voluntas
ius suum cuique tribuendi. Iuris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum
non laedere, suum cuique tribuere”, que en buen romance significa: “La
justicia es la voluntad constante de conceder a cada uno su derecho. Los
preceptos del derecho son estos: vivir honestamente, no dañar a otros y dar a
cada uno lo suyo”. ¡Insuperable!
El contenido de esta frase, atribuida al jurisconsulto romano Ulpiano y que,
entre muchas otras doctrinas de Paulo, de Papiniano, de Gayo y tantos más,
formó parte de las “Institutas” de Justiniano, cuerpo normativo, que fue tan
importante como el Código de Hammurabi, la Ley de la
Doce Tablas, las Partidas de Alfonso X el Sabio o del Código Napoleónico.
Esta frase resume e integra en tres actitudes humanas: “vivir
honestamente, no dañar a otros y dar a cada uno lo suyo”, la mejor guía
conductual que pudiéramos hallar para regir nuestro comportamiento.
¿Dónde creen que debe ser inculcada esta frase en nuestros hijos, varones y
mujeres indistintamente? ¡En el hogar por supuesto y en los primeros años de
formación! Hogares que mayoritariamente están bajo la tutela femenina. Contamos
nosotras, las mujeres, con esta poderosa herramienta que nos puede facilitar la
construcción de un mundo mejor.
“Vivir
honestamente, no dañar a otros y dar a cada uno lo suyo”
Ulpiano, con estos preceptos ha logrado superar el formato normativo
sintético de los Diez Mandamientos de Moisés.
¿Comprenden un poco más, ahora, el
motivo de mi admiración por el Derecho Romano y por el idioma en que éste se manifiesta?
Ocurre que el Derecho Romano fue el abuelo de nuestra estructura jurídica.
Nuestro “padre” fue el Código Continental Napoleónico, que a su vez fue el
“hijo” de nuestro “abuelo”.
¿No
será que actualmente estamos ahogados por los millones de normas de conducta
que nos envuelven y por esa razón cumplimos con muy pocas?
Bueno, dejemos de lado mis preferencias personales y volvamos al tema que nos
ocupa respecto al papel que nos cabe a las mujeres en estas sociedades
modernas. Modernas y no tanto, ya que en épocas prehistóricas las mujeres
ocupábamos un papel preponderante en la simbología humana. La enorme cantidad
de estatuillas con formas femeninas encontrados entre los restos fósiles de los
yacimientos arqueológicos, demuestran que el culto a la “Diosa Madre” presidió
durante milenios el concepto teológico de nuestros antepasados. La potencia
generadora de vida, la sinergia que producen los ovarios y el útero dando como
resultado la procreación y continuidad de la especie humana, fue culto de
divinización por más de 20.000 años. Culto que posteriormente fue desplazado,
hacia el año 5.000 antes de Cristo por nuevas concepciones religiosas de neto
corte machistoide, que hasta lograron cambiar el género de Dios.
“Nuevas
concepciones religiosas de neto corte machistoide lograron cambiar el género de
Dios”
Resumiendo
lo manifestado en este capítulo, no pretendo que se retorne al prehistórico
matriarcado. Pretendo que se atenúe el presente patriarcado. Que el
“testiculismo” le ceda el asiento al “Úterovarismo” en el colectivo humano y
así como ambas partes se acoplan para generar la vida, también se ensamblen
para proteger esa misma vida, mejorarla y disponerla para un objetivo mayor
que, tal vez, debiera ser: "Vivir honestamente, no dañar a otros y
dar a cada uno lo suyo”, como nos lo legara Ulpiano.
“Que el “testiculismo” le ceda el asiento al
“Úterovarismo” en este colectivo humano que nos transporta por la incierta y
corta ruta existencial que transitamos juntos”
"Vivir
honestamente, no dañar a otros y dar a cada uno lo suyo”. Hemos dicho que
Ulpiano había concentrado en esos tres conceptos esenciales los diez
mandamientos que impartiera Moisés a su pueblo. Diez mandamientos que habían
sido más efectivos que los millones de normas jurídicas y administrativas que
NO podemos y NO queremos cumplir nosotros. Ahora bien, esa síntesis ulpiana
puede ser reducída aún más: existe la posibilidad de unificar en un sólo
precepto moral, ético y religioso el comportamiento de la conducta humana: este
precepto es "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".
"Amaras a tu prójimo como a ti mismo"
⚤
He concluido con la presentación del capítulo prometido, espero que resulte de utilidad para consolidar la abnegada función social de la mujer.
Quienes deseen
ampliar el tema o conocer el contenido completo del libro "Las mujeres
del Presidente" pueden comunicarse enviando un E-mail
a: doctoresvescioconsultores@gmail.com
o telefónicamente o
por WhatsApp a:
011-5739-7983
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